“Que Miedo!” es el libro de terror bilingüe en español y aymara

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Este proyecto narra historias locales del mayor pueblo originario del norte chileno

“Que Miedo!” es un texto ilustrado con historias de Arica y Parinacota. Realizados a raíz de una investigación del antropólogo César Borie, los relatos se publicas en aymara y español. “La Novia de Azapa”, “Los Condenados” y “Ño Carnavalón”, pertenecen al patrimonio del sector.  El resultado de este trabajo llevado a cabo por la Fundación Desierto Vivo tuyo el apoyo de los  Fondos de Cultura del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Rescatando la lengua

De acuerdo a la encuesta Casen 2015, del total de personas que pertenecen a un pueblo originario en la región de Arica y Parinacota, el 82% se autodscribe aymara, lo cual corresponde a más de 35.400 personas.

Sin embargo, de acuerdo al informe Diagnóstico Participativo en temas de género de Arica y Parinacota desarrollado por la organización Germina en 2016, un 65% de hombres y 61% de mujeres del pueblo aymara en la comuna de Arica no habla ni entiende la lengua indigena. En la comuna de Camarones la cifra es 42% en hombres y 35% en mujeres, mientras que en Putre, comuna limítrofe con Bolivia, la cifra de desconocimiento es de 31% en hombres y 27% en mujeres.

Para mantener viva esta lengua, el libro de ilustraciones “Que Miedo!”, incorporó a la yatichiri (profesora en aymara) Ana Paola Quispe en el equipo para traducir los relatos.

La primera lengua de la educadora nacida en Camiña y criada en diferentes pueblos de precordillera de Arica y Parinacota, fue el aymara, el cual dejó de hablar cuando se trasladó a la ciudad.

“Se produjo un choque cultural y claramente ya no continúe hablando mi lengua madre, en la escuela todas las asignaturas eran en castellano, así que me tuve que adaptar”.

En la Academia Nacional de la Lengua Aymara, fue donde la yatichiri se reencontró con su lengua materna, la re aprendió y comenzó a enseñarla. Desde entonces Ana Paola ha realizado clases de lengua y cultura aymara en diversas instituciones como la Municipalidad de Arica, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Conadi y diversas organizaciones indígenas de ciudad y precordillera. También ha traducido en proyectos regionales y nacionales.

Aportar en la lucha por preservar la y evitar que desaparezca, fue lo que motivó a Ana Paola a convertirse en yatichiri.

“Las lenguas indígenas constituyen la expresión de diversidad cultural más grande que alberga la especie humana, la muerte de una de ellas nos conduce a la pérdida de nuestra especificidad. Mantener una lengua es un derecho esencial que permite el ejercicio de otros como atención en salud, educación y acceso a la información”.

En Arica y Parinacota se concentra la mayor población aymara de Chile, pero según Paola en los colegios aún es “incipiente” la integración de la educación intercultural.

“Según la Unesco el 40% de la población mundial no tiene acceso a una educación en la lengua que habla y entiende, y cuando se cruza la variable socioeconómica, los estudiantes indígenas son quienes obtienen bajos resultados académicos. En Chile también se experimenta este escenario en pruebas como el Simce y la PTU”.

Qué miedo forma parte del Patrimonio Cultural

Los textos traducidos por Ana Paola, tienen una base investigativa liderada por el antropólogo Cesar Borie. Sus análisis sobre arqueología y música y memoria en festividades de religiosidad popular de Arica y Parinacota, se han situado en la localidad de San Miguel de Azapa y su trabajo se ha reflejado en publicaciones científicas, libros de investigación, discos musicales, registros documentales y soportes multimediales.

Sus investigaciones entorno a Ño Carnavalón, abarcan varios países de Sudamérica y ha identificado la particularidad de que solo en Arica existe esta figura de trapo a escala humana, que se entierra y desentierra año a año: “El más antiguo está aquí en San Miguel de Azapa, es de la familia Flores Felipe, la cual era custodiada por la señora Albertina Felipe”.

El profesional explicó que en la comunidad, Carnavalón es “reverenciado, respetado y temido” como un ancestro poderoso, siendo considerado un ser vivo y se trata como tal.
“Se le rinde ofrendas como comidas y cerveza, se le habla, se le adorna y todos los festejos del Carnaval ocurren entorno a él durante toda la semana”.

Entre los meses de enero y marzo, cuando se realiza Carnavales, este personaje visita los hogares, siendo visto como una figura que multiplica en términos agrícolas y de fertilidad. De acuerdo al especialista, en 1967 se inició la tradición en el valle de Azapa con el sacrificio de un novillo.

“Es una figura ancestral de autoridad y respeto que une a la comunidad. Carnavalón es la encarnacion de la fuerza de la madre tierra, que puede dar como quitar dependiendo de la conducta. Si hay respeto, cariño, humildad y fe, va a proveer, pero si hay falta de respeto y no se cumplen los ritos, los castigos pueden ser muy grandes y fatales como accidentes y enfermedad”.

El relato de “Los Condenados” regula normas sociales de convivencia y de acuerdo a Borie es como el pueblo aymara asimiló la llegada del catolicismo en territorio andino.

“Se trata de normas que al infringir se pone en riesgo no sólo la vida de uno si no que también la existencia de la comunidad completa. Los relatos de Los Condenados vienen a ser historias moralizadoras, siendo almas condenadas pagando culpas entre los vivos. Las historias buscan evitar el robo, el asesinato, la codicia, etc”.

 

Oralidad

Los relatos orales son ricos en diversidad, pero frágiles al depender de la memoria de personas que en su mayoría son ancianos de comunidades, quienes se pueden llevar a la tumba esas historias si no hay oídos para escuchar y cabezas para recordar y reproducirlas.

“Difundir estos relatos en nuevos soportes ayuda a crear consciencia sobre la diversidad cultural y de nuestras propias memorias y herencias. Con estos relatos nos podemos acercar a un pasado que está muy vivo y potente, además de comprenderlo y valorarlo”, comentó Borie.

Para Ana Paola hay que construir escenarios interculturales en procesos pedagógicos para que niñas y niños indígenas recuperen “orgullo de su identidad a través de la lengua, historia y territorio. El libro Que Miedo será un apoyo en la escuela, se agradece porque abraza la cultura y lengua viva del pueblo aymara”.

 

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