Santos Chávez

SANTOS DE PAPEL

Arte y Cultura colaboraciones Columnas

El escritor Mario Valdovinos nos narra el camino que lo llevó a escribir la novela sobre el artista Santos Chávez

La idea de escribir una novela sobre el grabador Santos Chávez surgió después de mi antigua pasión por su obra gráfica. En la feria dominical de Bío-Bío conocí y adquirí a bajo precio varios de sus grabados. Es muy probable que algunos sean falsificaciones y también lo es que otros, espero los más, sean auténticos, desde pruebas de artista, los ensayos o croquis que un artista va dejando atrás hasta llegar a las series numeradas que va a poner a la venta. Esta pasión por el grabado, en mí, viene desde el conocimiento, cuando estaba en el liceo durante mi enseñanza secundaria, por la obra deslumbrante de don Francisco de Goya, en particular la serie de Los Caprichos.

No obstante Santos, Santitos para sus cercanos, transitó por otros senderos muy distintos a los goyescos. Lo suyo fue ir dejando una huella vegetal y florida de sus tránsitos, un reguero de láminas de papel, papel de árboles, no derribados sino reinventados, donde estampó las cabras que cuidaba él cuando niño, un niño de origen mapuche, un niño de la tierra cuyos padres eran sirvientes de un patrón, dueño de todo el suelo que pisaban y habitaban. Santos nació en Canihual, sur de Arauco, y conoció desde pequeño el trabajo de pastorear las ovejas. El dueño de todo le permitía ir al colegio, una escuela rural cercana, solo en los días de lluvia pues en esos días no se saca el ganado a pastar y debe permanecer encerrado. Por tanto, Santitos asistía a clases solo cuando iba y regresaba mojado. 

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Sandía-Santos Chávez

“No obstante Santos, Santitos para sus cercanos, transitó por otros senderos muy distintos a los goyescos.”

 

Así, indagando y deduciendo, me transformé en su biógrafo y redacté una obra literaria motivada por sus imágenes, con datos reales de su vida y otros, la mayoría, inventados por la fantasía propia de la literatura. Santos evolucionó de niño pastor a pastor de almas y de adolescente se fue a Concepción a estudiar las técnicas del grabado, allí conoció al pintor Julio Escámez, un excéntrico y donjuanesco artista del pincel.  Amante efímero de Violeta Parra y viajero sin penitencia.

Tiempo después se vino a la capital e ingresó al taller de Nemesio Antúnez, quien en una casa del barrio Bellavista acogió a innumerables artistas gráficos, entre ellos Roser Bru, la viajera del Winnipeg, a quien Santos conoció. Más de una vez habló con Neruda, cuando el poeta era capaz de desprenderse del ego y dialogaba de igual a igual con un artista que carecía de ego y de tenerlo lo sepultaba en lo más profundo de su personalidad, silenciosa y observadora. La gráfica de Santos se parece mucho a la poesía de Jorge Teillier, con ambos aportes he pensado hace años hacer un libro, quizás secreto, sin solicitar recursos fiscales ni pedir permiso a nadie por pago de derechos. Ese afán tan egoísta como hermoso puede verse como un regalo de ambos para mí, su secreto admirador, y una tarde cualquiera dejarlo como ofrenda en la puerta de la mujer amada.

 

Los años 70 de Santos Chávez

Sántos Chávez
Sántos Chávez

En la capital lo sorprendió el golpe militar, él era hacía rato un militante del Partido Comunista chileno y además, en el plano privado, un ser solitario, sin hijos, si bien con parejas, al parecer efímeras, y un bebedor tenaz en la sombra. Bebía vino, tal como el lárico Teillier, nacido en Lautaro. No le costó demasiado fondearse, vivir callado y en la penumbra, hasta que se fue de Chile, en 1977, y recorrió varios países de Europa radicándose en Alemania Oriental. Allí conoció a su mujer, una alemana tan solitaria como él, Eva, y se emparejaron. Dejó de beber y se volvió más contemplativo que nunca.

En sus grabados hay viento, cielo, las nubes harapientas del verano, en el magnífico verso de Jorge Teillier, trigo inclinado por la brisa, soles rojos y niños de ojos inmensos, acostados en el aire que los mece. No duermen y si lo hacen es con Los ojos abiertos de par en par, que no escudriñan ni invaden. Santos fue un contemplativo. Miro un libro que se editó con sus trabajos, la obra gráfica completa, de tapa dura y gran formato, no puedo dejar de pensar en los versos del poeta Óscar Castro, un romance relativo a una cabra. 

Cuando se miran las imágenes de Santos Chávez esto es lo que  ocurre:

Nadie la vio sino Dios, mi corazón la miraba

Se perfumaba de malvas el aire cuando balaba

 

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