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“La política y yo” por Marina Millefiore

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“La política y yo”
Por Marina Millefiore


Estoy en un taller de escritura creativa y acaban de darnos un pie forzado: “La política y yo”. Refunfuño antes de apagar la cámara para empezar a escribir, porque no sé cómo empezar esto. Me cuesta el tema, a pesar de que me rodea por todos lados. Lo personal es político, ¿no? Lo vengo repitiendo desde que tengo memoria, pero a veces  pareciera que no tiene tanto sentido. ¿Por qué elque decida comerme una lechuga hidropónica con una lata de atún, salsa de sriracha, hummus, pimentón, cebollín y semillas de sésamo es político? Bueno, me respondo a mí misma: Mar, sí puedes ponerle algo de sentido; la lechuga hidropónica la compraste en un supermercado, no en la feria; la lata de atún se explica por sí sola, recuerda que el otro día leíste que los peces sufren un dolorexcruciante al pescarlos; la sriracha es, probablemente, una salsa que inventó una pobre señora tailandesa para compartirla con su familia y amigos en las comidasde fin de semana, hasta que un horrible hombre (un gringo, seguro, aunque estoy
leyendo Malinche de la Esquivel y últimamente me imagino a todos los hombres terribles como Hernan Cortés, así que dejémoslo en que fue un europeo) se la robó, la comercializó y no le dio un peso; el hummus solo te recuerda lo hipócrita que eres, el fin de semana le dijiste a tus amigas que querías volver al veganismo, entonces te hiciste dos tupper llenos de hummus y ¿para qué? ¿PARA MEZCLARLO CON CRUELDAD ANIMAL? Dios mio, deberías parar aquí mismo. Sí, mejor, porque el pimentón y el cebollín siguen la misma suerte que la de la lechuga: supermercado, no feria. Cadena internacional de bodegones gigantes en los que se maltrata a sus trabajadores y se roba a la clientela. Y para allá vas, porque la feria se pone los jueves, en horario laboral y no puedes. Ah, aunque en Arauco está esa verdulería donde tu colega, la Jime, siemprecompra frutas para sus hijos. De hecho, la otra vez tenía alcachofas. ¿Es época ya de alcachofas? No te desvíes del tema, porque el tema tenía que ver con la política. Aunque…mi déficit atencional también tiene algo de político. Me veo con el mejor profesional de Chile para tratármelo (bueno, también mi depresión, pero eso es tema para otro momento) y siempre que le pregunto doctor por qué ahora todos los cabros son TEA y TDA, yo no me lo creo, me explica que es un trastorno del neurodesarrollo c on componentes genéticos y neurológicos, pero que tambiénhay teorías —cada vez más en boga—, que indican que hay una correlación entre el aumento de estos benditos trastornos y el uso excesivo de pantallas en la edad
temprana. Pero, Mar, ¿por qué es político? Ah, no sé, pero que vivamos pegados a aparatos que nos tiran información errónea, publicidad que anticipa lo que estás pensando y una exposición excesiva a las perfectas vidas de tus colegas, mientras se derriten los glaciares, mientras narcotraficantes se apoderan de poblaciones enteras, mientras el estado ilegítimo de Israel asesina niños, pues, me parece bastante político.
Ah, así que te fuiste en esas. ¿No que te costaba hablar de esto? Bueno, cuando era chica una de mis tías, la que perteneció al partido socialista, la que viajó a la URSS bajo seudónimos y la que se encontraba más que capacitada para dispararle a un DINA si era necesario, me contaba historias de terror en la que militares vestidos de verde musgo entraban a las casas de personas —a veces inocentes, a veces no, pero muchas veces sí—, rompían todo a su paso hasta encontrar a quién fuera, se lo llevaban a recintos estatales, les ponían electricidad en los testículos a los hombres y ratas en la vagina a las mujeres. Después tiraban sus cadáveres en fosas comunes, en cualquier lado. A algunos los tiraron al mar. A otros los enterraron en el desierto. Y sus familias los buscaron, los buscan, por
décadas. Sí, me fui en esas porque vivo en un país en el que se torturó en estadios y porque el vocablo “detenido desaparecido” me daba terror cuando era adolescente. Todavía me da terror, ¿sabes por qué? Esto creo que no es tan difícil de explicar, pero hay elecciones este año, presidenciales y parlamentarias. Y existen candidatos que avalan lo anterior, la tortura, la desaparición, la muerte, la podredumbre del alma de toda una generación. Ah, pero qué importa, son solo candidatos, dirías tú. Pero no, son personas que tienen seguidores. Nah, esos seguidores no son reales, Mar, te lo dicen las redes sociales. La mayoría de los chilenos es dulce, como Pedrito Pascal. Pero son súper reales. Los escucho en la micro, cuando la señora que lleva su bolsa de pan calentito dice que deberían simplemente erradicar todas las tomas. Los escucho en el trabajo, cuando el ingeniero dice que deberían segregar los colegios por clases sociales. Los escucho en el viento de la mañana, cuando espero el bus para irme a Arauco, y las bocinas de los camiones —en un país que debería ser de trenes pero que cortó las alas del hombre que así lo planeó—,azotan a los autos; el pitar del tren lleno, estudiantes y trabajadores apretados peor que sardinas. Un taco infernal, gente que dispara por una mala maniobra vial, niños fumando pastabase al costado de la línea.
La mañana es algo curioso, ¿sabes? El lunes, mientras esperaba y escuchaba Buck-Tick, vi como las luces del sol se entrometían entre las nubes, como pidiendo permiso para entrar al día e iluminar. Un amanecer, el epítome de lo hermoso. Y, a la vez, los estragos del capitalismo brutal, feroz e inhumano. Porque, a fin de cuentas, estábamos todos ahí no para ver el sol salir, sino porque tenemos que ir tristes, cansados y hartos, a trabajar. ¿Y para qué? Ah, por una ensalada de lechuga hidropónica con una lata de atún, salsa desriracha, hummus, pimentón, cebollín y semillas de sésamo.

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