Por Mary Rogers G
El verano trae, para muchos, un tiempo obligado de lectura. Aunque, como decía Borges “la lectura obligatoria es un contrasentido; si un libro te aburre, déjalo”. Y tenía razón. Aún para nosotras/os que escribimos, leer es, por sobre todo, un placer. La romantización del sufrimiento autoral –el dolor de la página en blanco, el deber de leer los clásicos –está pasado de moda y elegimos el disfrute a la hora de elegir una novela o un libro de cuentos.
Así las cosas, he descubierto que, entre los libros cortos, encontramos verdaderas joyas. Pequeñas cosas como estas, por ejemplo, de la escritora irlandesa Claire Keegan, no supera las sesenta páginas y es una belleza. Ambientada en un pueblo de la isla, narra la historia de un matrimonio de clase trabajadora y sus cinco hijas. El padre, Bill Fullog, es un hombre atípico para la época –ambientada en los años ochenta –de gran sensibilidad y compasión. El libro ha obtenido varios premios y existe una película que se estrenó hace un par de años, está protagonizada por el músico y actor Cillian Murphy (Mejor actor en Oppenheimer) dirigida por Tim Mielants y adaptada por Enda Walsh. No la he visto, pero si es tan buena como el libro, habrá que buscarla en las plataformas.
Otra obra que está dentro de mis preferidas es El libro rojo de Paul Auster. El autor reúne aquí una serie de anécdotas que nos hacen pensar en la inevitabilidad de los encuentros; en cómo estamos conectados con otros seres humanos a los que nunca hemos visto.Creo que es uno de sus libros más personales y por ello, fluye bien para todo tipo de público.
Recuerdo una de tantas situaciones como las que relata el autor estadounidense, que me pareció mágica. Hace un par de años me tocó ir a la Feria del Libro de Buenos Aires y aproveché para visitar a una periodista argentina con la que nos seguíamos en Instagram: Hinde Pomeraniec. Me encantaba y me sigue encantando su podcast “Vidas prestadas, un programa de libros y mundos posibles” en el que entrevista a todo tipo de autoras y autores, recomienda libros y comenta novedades. Fue la inspiración para el programa que realicé en UCV radio hasta el año pasado.
La historia es que quedamos de reunirnos en la misma Feria. Como no nos conocíamos, la idea era compartir sólo un café, pero a los diez minutos ya había surgido el comienzo de una amistad. La acompañé a hacer una entrevista en el stand de Infobae a Lorena Vega (la psicóloga de Envidiosa), actriz que por entonces yo no conocía y más tarde, nos fuimos a una pastelería. Como dos mujeres típicas, nos contamos la vida en poco rato y quedó claro que teníamos mucho para compartir. De tanto en tanto nos contactamos, pero la casualidad vino después. Un día en que revisaba libros heredados de la mudanza de una amiga, abrí uno de ellos y me encontré con un recorte de diario con una reseña. No podía creerlo cuando vi el nombre de Hinde bajo el titular. El libro había estado mucho tiempo en mi biblioteca, si lo hubiese abierto meses antes, es probable que leyera la nota y botara el papel. Le conté a mi amiga y quedó tan impactada. Ni ella tenía el recorte.
Vuelvo al verano y no puedo dejar de mencionar el estreno de la temporada (estoy sonando como “Lady Whisledown de Bridgerton”), la magnífica producción Hamnet, basada en el libro de Maggie O’Farrell, otra autora irlandesa que tiene la capacidad de enganchar a los lectores desde la primera frase. Como muchos sabrán, Hamnet ya ha obtenido dos Globos de Oro: Mejor película y mejor actriz para Jessie Buckley: ocho nominaciones al Oscar y once al Bafta. Alguien dirá que los premios no siempre son justos, pero estos lo son. Dirección, banda sonora, ambientación y vestuario logran un entorno verosímil y atractivo. Buckley y Paul Mescal fueron, sin duda, una excelente elección. Pero aún me parece extraño que el nombre del pequeño Jacobi Jupe (Hamnet) no figure en los nominados, cuando su desempeño resulta notable. Empatizamos con una obra como esta que, más allá de la perfección con que ha sido construída, nos muestra el dolor que ninguna madre o padre quisiera vivir. La recomendación es que no se pierdan la película y menos el libro.
Dejo hasta aquí la conversación. Vive tu verano y, por favor, no toques la bocina.