Pedro Greene y la experiencia de percusión que motiva el trabajo colectivo

Varias empresas y coaching ya descubrieron esta herramienta de estimulación para desarrollar la complicidad y la cooperación en equipos de trabajo. El destacado baterista Pedro Greene, de la banda fusión “La Marraqueta”, describe esta experiencia social-musical.

“Cuando se acercó al círculo que formaron sus compañeros de trabajo, Juan se sintió un poco intimidado, los sonidos contundentes, secos y rítmicos se sentían en el pecho, en sus muñecas. Al principio, no quería participar, pero le pasaron un tambor y lo que primero fue un movimiento automático golpeando la superficie, se transformó en una hora de experiencia grupal. Juan perdió la vergüenza y ganó gracia. Nunca pensó siquiera que él podía producir música pegándole a un objeto y menos que se podía conectar con personas que veía todos los días con las que sólo transaba un saludo matinal o de despedida”.

Esa es una experiencia de cientos que le ha tocado presenciar a Pedro Greene con su proyecto “Tambores del Alma”. Músico, percusionista, fundador de la míticas agrupaciones Los Blops,  Cometa  y actual integrante de la no menos legendaria “La Marraqueta”. Hoy, con un proyecto de cariz social-musical, “Tambores del Alma”, gran parte de su rutina laboral y creativa se enfoca en cómo transmitir la experiencia individual en colectiva. Lleva al menos tres años reuniendo a personas que jamás en su vida han tenido un instrumento entre sus brazos, pero que a través de su participación en “Tambores del Alma”, se confiesan emocionadas e impactadas de haber logrado conectarse con el ritmo de los tambores y hacer “algo” de música.

El origen

Todo comenzó hace ya unos seis años cuando su prima le habló de los Drumming Circles , una actividad en la que espontáneamente se reúnen las personas en los parques, cada uno con su tambor o elemento de percusión, a simplemente tocar y tener así experiencias colectivas de comunicación y juego mediante la percusión. Elena Orrego, su prima residente en Canadá, supo de estas nuevas tendencias y le dijo a Pedro que él podría hacerlo bien.

Un día, Pedro Greene se animó. Reunió a sus amigos y familia, luego las excusas fueron los cumpleaños, reuniones sociales, comidas, sorpresas para invitados, regalos para dueños de casa. Poco a poco fue probando la experiencia de invitar a distintas personas a tocar. De pronto llegaron los parques, el aire libre y después, los equipos de trabajo y las empresas. Su experimento se transformó en una metodología que desarrollaba el trabajo en equipo, movilidad de roles, coordinación, lenguaje corporal,  liderazgo, inteligencia emocional, relaciones interpersonales, inserción, ludismo, autoestima, compañerismo y superación, entre muchas otras cosas.

El método de Pedro Green

Greene ha llevado esta experiencia a un método que ha probado en distintas empresas e instituciones que van desde el Consejo de Defensa del Estado hasta estudios de abogados, el Servel, empresas de ingenieros, constructoras y sus trabajadores. Todos han ido sumando un abanico impresionante de experiencias colectivas que se abren a un mundo y que, además, sintoniza con el espíritu de trabajo y comunión que buscan los empleadores. “Es un formato donde todos ganan” agrega el instructor Greene.

Pedro llegó a la percusión a los 13 años, a esa edad ya estudiaba piano clásico, fue en esa etapa de su vida que irrumpe el fenómeno del rock. Un camino que lo llevó a crear, junto a su hermano y Julio Villalobos, a Los Blops y donde él tomó los platillos. La travesía fue estimulante e intensa; de manera autodidacta se fue perfeccionando a lo que llegaría a ser una profunda vocación musical. Con el tiempo llegó el jazz, fue alumno de Guillermo Rifo en la Universidad Católica y comenzó sus estudios de composición en el Conservatorio Nacional de la Universidad de Chile. Greene fue becado en la Berklee School of Music en Boston, Estados Unidos, donde  fue alumno del maestro de batería Alan Dawson. Allí también estudió un Master en Arranging and Composition.

Simultáneamente en Boston, fue alumno del  africanista  Babatunde Olatunji , maestro entre otros de John Coltrane, quien lo introdujo por primera vez en la senda del Tambor Africano. “Todas las etapas anteriormente mencionadas fueron de  intenso aprendizaje y constituyen el asentamiento definitivo de mi compromiso interno con la música”, reflexiona Pedro Greene.

LA EXPERIENCIA

“Nos sentamos en semicírculo, nos relajamos. Reflexionamos para saber que estamos aquí, ahora, nada interfiere con este momento. Y comenzamos”. Así es como Pedro Greene y su hijo Felipe  inician  cada sesión -a veces preparada con más de 200 tambores en un mismo lugar-. En la práctica son un grupo de personas que sólo se conocen desde lo laboral, conectadas a través del ritmo originado desde sus propias manos que golpean un tambor.

Pedro Greene, cree que la música está conectada con la interioridad y la intimidad de las personas y agrega que “se trata, simplemente, de cómo la música es una experiencia -en el caso de los “Tambores del Alma”- no sólo escuchada, sino además ejecutada. Pega en la psiquis, en el mundo interior, en el alma. Y sin duda que lo hace”, concluye. La música como propulsor de alegrías, nostalgias, ensoñaciones, juegos, tensiones, relajaciones, estímulos, frustraciones. La intimidad sin amenazas. Eso es parte del principio de esta experiencia. En cuanto a la percusión, el ritmo y el instrumento, Greene asegura que “es atávico a la especie humana. Un niño desde su más temprana edad acogerá y se relaciona espontáneamente con un tambor. Tomar un tambor es como hacer tierra. Es ir a la esencia. Es estar con tu presencia, con tu alma”. Greene va definiendo así las profundas conexiones que despierta a nivel individual “Tambores del Alma”, una experiencia que en apariencia parece un ejercicio grupal simple, pero que luego se va transformando en una orquesta de percusiones que funciona coordinadamente y que logra una completa comunicación entre todos quienes están en ese instante preciso y único.

Cuando “Tambores del Alma” visita una a un equipo de trabajo llega con sus instrumentos, los reparte y las personas pueden escoger su tambor o accesorio de percusión. Todas tocan.

Pedro es quien dirige esta sinfonía de golpes y ritmos, su papel es el de “Facilitador” interviniendo y dirigiendo para que las personas puedan soltar e integrarse. Greene es un espejo de referencia visual-corporal y energética para los participantes. Cada uno se topa o no con sus dificultades pero todos las superan en mayor o menor medida. Las reacciones, asegura Greene, son estimulantes: “prácticamente todos terminan emocionados y felices, incluso se acercan y nos abrazan”, finaliza el músico y percusionista.

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